EL SILENCIO. Sexualidad femenina ¿Por qué preferimos?

“Si algo define la sexualidad de las mujeres a todas las edades es el silencio al respecto”

Anna Freixas

La sexualidad femenina en sí misma es un tabú, en su tema escabroso, desconocido y hasta cierto punto

incierto. Me he puesto a reflexionar sobre este asunto tanto, que hasta fue tema de inspiración para

mi podcast, ahí pude darme cuenta de lo mucho que hasta en cierto punto,  para mí también es un tema tabú, y al cual no le había dado cabida en vida con total libertad y naturalidad como debería de ser.

Y entonces, la preguntas resuena en mi ¿Por qué?, ¿Quién me hizo creer que este tema no se habla?, ¿Cuánto es lo que callamos respecto al sexo?, ¿Somos capaces de sentir placer?, ¿Conocemos nuestro cuerpo?… Mil un preguntas, y las ¿respuestas? Aquí es donde mi ojo clínico de psicóloga me hizo investigar en mi propia historia, de igual forma hablarlo con expertos, y también investigando en textos. En este indagar, fue liberador saber que al igual que tú, tenemos tantas dudas, tanto que hablar, tanto que deconstruir, tanto que soltar y tanto que aprender.

El no hablar del tema, es sinónimo de ignorancia, el vivir en el silencio nos ha hecho desconocer mucho sobre nuestra propia sexualidad. Imagínate, cómo habrá sido ser mujer en el siglo XVII, o no hay que ir muy lejos, nuestras mamás y abuelas  desconocían por completo qué sucedía en la noche de bodas,  y peor aún no conocían sus cuerpos. Un ejercicio importante, es indagar en viejas generaciones cómo vivían el ser mujer; temas como la menstruación, el cuerpo femenino, el coito, el placer, entre muchos otros, eran algo que se vivía con los ojos cerrados ¿A quién preguntarle cuando no existe la posibilidad? Entonces, el silencio es algo que se ha perpetuado de generación en generación, es por ello que aún en la era de la información o (sobreinformación) seguimos perpetuando la cadenita del tabú de ser mujer.

Dista mucho la educación sexual que la mayoría de las mujeres hemos recibido a lo largo de nuestro desarrollo. El lenguaje con el que se nos explicaron las vivencias femeninas, y se nos acercó la información, en qué entornos nos desarrollamos y tuvimos nuestras primeras experiencias sexuales marca mucho nuestro sentir al respecto, y hasta en ocasiones estas creencias instaladas sin querer en nuestro subconsciente nos rigen hoy en día.

¿Qué hacer para romper el tabú de ser mujer? ¡Háblalo, háblalo! no te canses de hacerlo, no permitas que tu voz sea silenciada por estas creencias; evidentemente, habrá personas con las que te será más cómodo explicarles lo qué te pasa, te prometo que  en automático te sentirás más liberada, y de igual manera podrás descubrir cosas que desconocías. Es importante, que también hagas tu investigación en fuentes confiables, y si estás por iniciarte en tu vida sexual, es pertinente que te acerques a una ginecóloga para que te explique desde un punto de vista clínico que sucede con tu cuerpo o qué pasará si haces esto o aquello.

Yo siempre digo, que es mejor vivir en la pregunta, por el simple hecho de cuestionarnos TODO. Ahora que somos unas mujeres adultas o estamos en ello, tenemos la gran asignatura de CRECER en toda la extensión de la palabra, de ir soltando de apoco todo aquello que nos limita a sentir, a vivir, conectar con nuestra sexualidad desde un lugar de abundancia. Es decir, conocernos, implica responsabilidad y mucha, mucha consciencia para saber qué es lo que queremos, cómo y cuándo lo queremos.

Hoy te invito a que normalicemos el hablar de sexo entre mujeres, desmenucemos juntas nuestras dudas, encontremos respuestas, toquemos puertas, y sobre todo sin juzgarnos. Piensa en esto, esa mujer que hoy tiene una y mil dudas, era igual que tú antes de tener respuestas; su sentir es igual de válido que tuyo, recuerda que cada una de nosotras tiene una historia que contar y las más profundas razones para ser y actuar como lo hemos hecho hasta ahora. La sororidad en la sexualidad, al igual que en otras índoles, es la llave para soltar el SILENCIO que por tanto tiempo hemos albergado y normalizado en nuestra vida.